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VOLVIENDO A NACER, LUCHANDO SIN FIN Y OTRAS JODIENDAS DE LA VIDA

Pues sí, amig@s mí@s, hoy es la fecha de mi segundo cumpleaños porque tal día como hoy volví a nacer, aunque de manera bien distinta a la primera. Porque un 11 de Noviembre de 2008 (año fatídico, ya os contaré por qué en otro post) fui atropellada por un coche a unos 42km/h mientras cruzaba correctamente un paso de peatones con mi semáforo en verde y el de los coches, obviamente, en rojo. Rompí la luna del coche con la cabeza y crucé volando e inconsciente dos carriles. Suena duro ¿verdad? Pues lo fue.

 

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Hay estudios que dicen que un 80% de los atropellos a 50km/h son mortales, así que se puede decir que yo tuve suerte porque salí 8 horas más tarde del hospital por mi propio pie y sin "ninguna lesión". Yo soy de las primeras personas que digo que tuve suerte, aunque en el fondo de mí hay una vocecita que grita que menuda mierda de suerte tuve. ¿Y por qué esa vocecita no acepta ese dicho de que tuve mucha suerte?, pues porque q raíz de ese accidente yo ya nunca volví a ser la misma. Desde ese fatídico día sufro de dolores de todo tipo, pero principalmente se localizan en la espalda, aunque a veces se extienden a las caderas, cabeza, cuello, manos y muñecas, rodillas y todo el cuerpo en general. Y no hablemos ya de los mareos, creo que nunca he dejado de estar mareada desde entonces, lo que pasa es que normalmente lo disimulo bastante bien. Ahora ya sabéis porque esa vocecita se niega a aceptar que ese día tuviera suerte.

 

Estuve 4 meses de baja en los que sólo recibí medicación y ya al final y creo que era para que dejara de quejarme, me dieron una pobre y triste rehabilitación que no me ayudó en nada. Como el tema me lo llevó la mutua de mi trabajo, me dieron el alta cuando ya empecé a resultarles muy cara, eso no lo pone en los informes, pero fue lo que me dijeron básicamente.

 

Una semana más tarde de mi reincorporación, mis jefes me despidieron. Cabe destacar que me atropellaron en la puerta del trabajo, así que mis jefes comprobaron cómo quedó el coche tras el siniestro y que la broma era más grave que una simple caída en la calle.

 

Como soy una mujer fuerte y luchadora, enseguida encontré otro trabajo y me dediqué a rehacer mi vida otra vez, pero el dolor seguía acompañándome en cada paso que daba. Así que empecé a ir al médico a ver qué era lo que sucedía y recibí contestaciones de todo tipo (que era joven y ya se me pasaría, que podía hacer una vida totalmente normal, que tenía que aprender a vivir con el dolor…) Pero al final conseguí un diagnostico que pensé que me ayudaría a conseguir un tratamiento eficaz para mi dolencia (nada más lejos de la realidad). Me diagnosticaron Fibromialgia 5 años después de mi accidente y lo único que conseguí de los médicos a partir de ese diagnóstico fueron más malas contestaciones (que tenía que seguir con mi vida sin centrarme en el dolor, que dejase de hacerme la víctima y la enferma, que la Fibromialgia es una enfermedad crónica para la que no hay mucho medicamento ni mucho menos una cura…)

 

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A todo esto ya había probado todos los medicamentos habidos y por haber para intentar paliar los dolores de la Fibromialgia, con sus consiguientes efectos secundarios y a los que podría haberme "enganchado" con muchísima facilidad. Había veces que solo de pensar que tenía que enfrentarme a otro médico para que me dijera algo desagradable o como mínimo para que me pusiera alguna excusa para no tratar mi dolencia, me hacía sentirme triste y abatida, con lo que lo único que conseguía era que los médicos me dijeran que tal vez estaba deprimida y por eso me dolía tanto el cuerpo (creo que más bien era al revés, me dolía tanto el cuerpo que estaba deprimida). Así que los médicos pensaron que lo mejor era que a la lista, demasiado larga para lo joven que era, de medicamentos que tomaba, añadirle unos bonitos antidepresivos.

 

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Tras otro despido por una de mis recaídas en la que se me encontraron una hernia discal cervical, dos protrusiones cervicales y otra hernia discal lumbar, nació el proyecto Artes-Anyta con la clara intención de unir mi afición por los complementos y las manualidades y además permitirme cuidar de mi salud sin miedo a un despido o sin tener, además de la presión de los médicos para que dejara de quejarme, la de unos jefes incomprensibles ante esta enfermedad. Gracias a Artes-Anyta me he sentido al menos realizada como persona y como profesional y me ha servido para darme cuenta que con un poco de flexibilidad y de organización, no solo puedo cuidar de mi negocio, sino que puedo cuidar de mi salud y ahora además puedo cuidar de mi familia, porque durante estos 6 años de Artes-Anyta he tenido dos preciosas hijas que, aunque han empeorado un poco la salud de mi espalda debido a los embarazos y los partos, me han dado fuerzas para superar todo. Eso sí, el dolor sigue siendo una constante en mi vida que se niega a abandonar mi cuerpo y a veces me hace parar un poco el ritmo, descansar y cuidarme y ya de paso tomar un poco de perspectiva a la vida.

 

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Este año en mi opinión ha servido para ver lo débil que es nuestro sistema sanitario y si bien se dice que los trabajadores de la sanidad se han dejado la piel en esto (no vengo yo aquí a ponerlo en duda), también he de decir que todo lo que yo conozco de la sanidad y los médicos es un trato mediocre y un pasotismo total y para colmo ahora veo que se escudan mucho en la pandemia para retrasar pruebas y tratamientos. No os digo nada sobre los tratamientos en la Unidad del Dolor para los que normalmente tienen un lista de espera de entre 6 a 9 meses y a mí una cita que tenía para la que he esperado 6 meses me la han hecho por teléfono y en el informe han puesto que no necesito tratamiento actualmente y me la han retrasado otros 6 meses más.

 

En definitiva, sé que ha sido un año duro para todos porque los que no han perdido a alguien, han tenido a alguien enfermo o han estado enfermos ellos mismos o han perdido sus trabajos o han estado confinados… Pero creo que hay que seguir luchando y celebrar las pequeñas cosas de la vida. Tal vez sea porque llevo ya 12 años luchando contra una enfermedad invisible, de la que sé que no voy a morir, pero de la que no voy a recuperarme nunca, pero todo esto de la pandemia solo me parece un bache más en el camino de la vida que me he propuesto superar como todo problema que se me plantea. Y espero que tod@s vosotr@s también encontréis la fuerza y el camino para seguir adelante, luchéis por vuestros sueños y al final salgamos de esta mucho más fuertes y unidos.

 

Gracias por leerme y perdonad que este post sea tan largo.

 

 

Anyta.


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